miércoles, 30 de marzo de 2011

Mi meta... Tu corazon

 Como un ladrón sigiloso mi meta era ingresar a tu corazón, para robar un trozo de ese tesoro tan preciado por muchos. Tan hábil como me califican sé que solo yo puedo ser capaz de pasar por alto los mecanismos de seguridad de la mas alta tecnología que habitan en tu cuerpo. Solo yo puedo ingresar, tomarlo e irme sin levantar sospecha. Aunque luego suenen las alarmas de tu boca y tus ojos comiencen a derramar ese tan salado acido derrite ladrones.

 Para ello no solo es necesario tener habilidad, sino una ayuda interna. Algunos contactos para poder tener acceso total de ti.

 El camino fue difícil, aunque no imposible. Salte unos metros para subirme a tu dedo mayor del pie, le di media vuelta para llegar a tu talón, y seguí trepando unos kilómetros por tu pantorrilla hasta llegar a tu muslo, y avance… Me topé con algo que no conocía, unas caderas simpaticonas que me hacían un guiño al caminar. Perdí la concentración, casi me caigo pero logre sujetarme fuerte… La caída pudo haber terminado con mi vida al instante. Pero no me detuve, continúe hasta mi meta yendo hacia tu parte frontal a gatas por tu vientre con llegada en tus costillas. Allí el camino se hizo un poco mas simple, tenía una escalera, pero de lo que no me percate fue que estando anonadado por el paisaje que inundaba mi vista y avance en dirección contraria.

 Ya era tarde para volver… Debía tomar otro camino, avance por tu espalda hasta llegar a tu cuello y recorrerlo me tardo el suficiente tiempo para que casi te des cuenta que algo estaba dando vueltas sobre ti, me dieron ganas de clavar una bandera con mi nombre pero sabía que no era necesario y simplemente me deslice por el tobogán de tus pechos hasta la parada principal. Tome camino hacia un costado y allí estaba…

 Sin palabras frente a tu corazón. Tan bello como si fuera nuevo aunque es sabido que ha tenido batallas y ha sido destrozado alguna vez. Muy valiente de tu parte lograste recomponerlo. Te felicito, me lo dejaste sano para mí.

 Y allí estaba yo, y el… Y yo, y el… Y yo… Y el… El… Y… Y nos miramos fijamente… Una presión muy fuerte me cerró el pecho, no podía casi ni respirar… La altura me estaba matando… Era el o yo…

 Si lo tomaba iba a demorar mucho tiempo, ya no tenía oxígeno para respirar… Pero si no lo hacía… Me lamentaría toda mi vida el no haberlo hecho. Tome uno de mis últimos suspiros, observe nuevamente el bello paisaje de pieles que robaban mis ojos, sonidos de respiración activaban mis oídos y una leve brisa paso por mi cara con un dulce aroma a miel… En ese momento toda mi vida paso frente a mí, lo único que debía hacer era apresurarme a tomar mi tesoro.

Pensé… Pensé  y opte por tomar una decisión.

Respire por última vez y me recosté.

Preferí morir junto a tu corazón que robarlo y saber que te estaría haciendo daño.


L.B.

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